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Un ingenuo farol explota
víctima del granizo
y hoy en día,
en este barrio asqueroso,
el más limpio de la cuidad,
ni cagando le joden
la mañana a los políticos
con campanas tristes,
plegarias de ensueño.
A lo más
eso pasa en provincias,
opuesto todo al destino.
Vendrá lenta,
tras un día insignificante,
la manta vespertina
que teje la tarde,
cristalizando nuestros males.
Opaco, todos hechos carne,
emborrachémosnos ya,
el cielo viste de duelo.
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sábado, 2 de agosto de 2008
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