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Me tomo este hecho con una actitud dividida, de simultáneas dos partes. La primera es la constatación, el registro, la objetivación. La segunda es el hábito, entre la obligación y la costumbre, entre la resignación y la tristeza.
Una vez comenzada la acción, la tensión entre estos dos ánimos va creciendo rápidamente hasta hacerse insoportable, concluyendo el proceso de manera abrupta. Es siempre un temblor darme cuenta de esta tensión, siempre terrible intuir el significado o la muerte de este mismo. Reconocer el asesinato continuo que comete el registro en todas sus formas.
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